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domingo, 16 de agosto de 2009

¿PARACAS YA FUE?

Publicado en "El Dominical" de "El Comercio" 16-08-09

ECOLOGÍA
¿Paracas ya fue?
Por: Patricia Majluf / Ernesto Ráez Luna (*)

Hace algunos días preguntaron nuestra opinión sobre la construcción de una planta petroquímica en Pisco-Paracas. Hace algunos años nuestra respuesta hubiera sido otra. Pero hoy con la zona orientada fuertemente hacia el desarrollo industrial, es tarde para llorar sobre la leche derramada. Ayer lugar de conservación e investigación, de proyectos de turismo ecológico y cultural (por su vasta riqueza arqueológica); hoy convertido en espacio para la instalación de plantas que nada tienen que ver con el desarrollo sostenible.

En el lugar equivocado
En el 2004, durante el gobierno del presidente Toledo, se dio la infame autorización para la construcción de la planta de fraccionamiento de Pluspetrol Perú Corporación S.A. Entonces se discutió ampliamente sobre la poca pertinencia de ubicarla en una zona que, entre otras cosas, es altamente sísmica, es zona de amortiguamiento de la Reserva Nacional de Paracas y está muy cercana a las poblaciones de San Andrés y Pisco. El Colegio de Biólogos y el Colegio de Arquitectos presentaron una acción de inconstitucionalidad ante el Tribunal Constitucional (TC) que resolvió que la construcción “no constituye amenaza cierta al medio ambiente”.

La suma de todos los riesgos
Por muy bien construida que esté una planta productora de metano, butano, diésel y combustible de avión, existe un riesgo real de explosiones, ya sea por accidente, sabotaje e incluso terrorismo. En cuanto al terminal de embarque, el crecimiento del tráfico de grandes cargueros de hidrocarburos, en la bahía, aumentará igualmente el riesgo de derrames.

Por lógica, al crecer el número de instalaciones industriales y el tráfico marítimo se incrementa la posibilidad de que algo ocurra. Ese “algo” puede ser una explosión, un accidente marítimo, un derrame de hidrocarburos y un largo etcétera. Cada una de estas instalaciones, si está adecuadamente construida y administrada, generará un riesgo muy pequeño, pero al ir acumulando riesgos (con la instalación de nuevas industrias) las probabilidades de un accidente aumentarán, pues los riesgos individuales se van sumando. Poniéndolo en crudo: una cosa es que explote la planta de gas sola, y otra muy distinta es que ocurra junto a una petroquímica.

Ecología y economía
No se trata de decidir entre la infraestructura mercantil e industrial o la conservación de la naturaleza. Esta es una falaz dicotomía pues ambos son elementos necesarios para el desarrollo. Los recursos naturales renovables y los servicios de los ecosistemas son componentes imprescindibles para el crecimiento económico, el desarrollo y el bienestar de la población.

Conservar nuestros ecosistemas marinos y construir una planta de fraccionamiento son inversiones de desarrollo. No tiene sentido sobreponer una actividad sobre la otra, apostando por lo industrial y dejando de lado la conservación, como se hace en Pisco-Paracas. Bienvenidos sean los proyectos de desarrollo y las inversiones, pero no apoyados sobre falsas disyuntivas.

Prevenir antes que lamentar
Es imperativo atender el riesgo acumulado sobre Paracas. Ello, sin embargo, implica una visión moderna del desarrollo en el que la biodiversidad no se considere “una mala palabra”. La rentabilidad para los inversionistas no puede considerarse el único criterio de calidad. Una visión moderna de desarrollo debería presupuestar sistemas vanguardistas de planificación, monitoreo, coordinación y prevención, para minimizar el riesgo de accidentes extremos y sinérgicos (es decir, combinados). Es también razonable fortalecer económica y políticamente la autoridad de áreas protegidas y crear nuevas áreas protegidas marino-costeras (en islas y puntas guaneras, por ejemplo). Eso no solo diluiría el riesgo de perderlo todo en Paracas, sino que incrementaría la estabilidad y la rentabilidad a largo plazo del guano y de la pesca.

Es imposible hacer una tortilla sin romper huevos, tan imposible como extraer recursos sin afectar los ecosistemas. Impactos siempre habrán, pero muy distinto es actuar irresponsablemente rompiendo más huevos de lo necesario y matando a las demás gallinas del corral. Y eso es lo que se hace cuando arriesgamos nuestra biodiversidad y descuidamos nuestras áreas naturales protegidas. Eso ocurre cuando se omite estipular que quienes obtienen beneficios económicos, por utilizar nuestros recursos naturales, deben invertir en proyectos sostenibles donde los impactos y riesgos sean mínimos, para que todos podamos gozar de esta riqueza excepcional, ahora y en el futuro. Desafortunadamente, para Paracas todo esto parece que ¿ya fue?

[*] Investigadores del Centro para la Sostenibilidad Ambiental. Universidad Cayetano Heredia.

Peligrosa incoherencia
El mundo entero reconoce la importancia de Paracas como zona de excepcional productividad y diversidad biológica marina.

La circulación de nutrientes en sus aguas le da un inmenso valor para la biodiversidad marina que se reproduce, cría y alimenta allí.

No resulta coherente aumentar fuentes industriales de riesgo en la zona.

Hay miles de kilómetros de costa disponibles, ¿por qué no construir en otro lugar?, porque sale “más barato”, hacerlo en Paracas.

Pero lo barato puede acabar saliendo caro.

La productividad del mar peruano sostenía a grandes civilizaciones hace miles de años y lo sigue haciendo hoy.

¿Cuántos miles de años se sostendrá el complejo portuario e industrial, de modo rentable y sin afectar los extraordinarios recursos marinos de Paracas?

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