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domingo, 16 de agosto de 2009

GRACIAS A UNA MADRE

Publicado en "El Dominical" de "El Comercio" 09-08-09

Gracias a una madre

En julio de 1885, un niño alsaciano de nueve años llamado Joseph Meister fue atacado por un perro rabioso a la salida de su escuela. Los médicos empezaron a tratarlo con ácido carbólico. Por su alta toxicidad, resultaba un buen tratamiento para eliminar los gérmenes. Se evitaría la infección, pero la madre de Joseph y sus médicos sabían que nada detendría a la rabia. Para entonces, el químico e investigador Louis Pasteur (1822-1895) había desarrollado una vacuna antirrábica para animales que evitaba que estos contrajeran la enfermedad. Los médicos de Meister vieron como única posibilidad llevarlo donde Pasteur, y aunque la vacuna no había sido probada en humanos, la mamá de Joseph insistió en que se usara en su hijo.

Había poco tiempo. Si la enfermedad hacía mella en el sistema nervioso del muchacho, sería demasiado tarde, por lo que Pasteur empezó a trabajar rápidamente. Preparó un compuesto rábico muy atenuado, luego otro menos atenuado y así sucesivamente. Tras once días de tratamiento, el muchacho no enfermó. Pasteur lo había salvado.

Pasó el tiempo y Joseph Meister terminó como cuidador en el Instituto Pasteur, institución bautizada con el nombre de su salvador, donde fue enterrado en 1895. En 1940, cuando los nazis tomaron París, Meister contaba con 64 años y seguía de guardián. Un oficial nazi, por pura curiosidad, le ordenó abrir la cripta de Pasteur. El 17 de junio fue hallado el cadáver de Joseph Meister. Había preferido suicidarse antes que permitir el ingreso de los nazis a la tumba de quien lo salvó a los 9 años.

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